El cristianismo tradicional (léase ario) siempre ha mantenido su oposición al judaísmo. Tertuliano, en su Tratado "Adversus Judaeos", lanza contra los israelitas muy duras acusaciones; en "Scorpiase" resume las denuncias de los Padres contra la peligrosidad judaica en esta frase: Sinagogae Judaeorum fontes persecutionum. La teología patrística y apostólica niega pues esa herejía judaizante que nos vende la actual iglesia cosmopolita de que los hebreos son nuestros hermanos mayores.
(1 ad. Tes.2,15): Los cuales dieron muerte al Señor Jesús y a los profetas, y a nosotros nos persiguen, y que no agradan a Dios y están contra todos los hombres
(Jn 8,44):Vosotros sois hijos del diablo, y queréis cumplir los deseos de vuestro padre: él fue homicida desde el principio, y no permaneció en la verdad: porque no hay verdad en él: cuando habla mentira, de suyo habla, porque es mentiroso, y padre de la mentira.
(Mt 23,33): Serpientes, raza de víboras, ¿cómo huiréis del juicio de la gehenna (infierno)? 34. Por esto he aquí, yo envío a vosotros profetas y sabios, y doctores, y de ellos mataréis, y crucificaréis y de ellos azotaréis en vuestras Sinagogas; y los perseguiréis de ciudad en ciudad
San Ambrosio, Obispo de Milán y gran Padre de la Iglesia, dijo a su grey que la sinagoga era:"...una casa de impiedad, un receptáculo de maldades, que Dios mismo había condenado..."
San Atanasio, gran Padre de la Iglesia, sostuvo que "...los judíos ya no eran el pueblo de Dios, sino los jefes de Sodoma y Gomorra"
San Juan Crisóstomo, hace más o menos mil quinientos años, definió claramente lo que eran los judíos, denunciándolos como "nación de asesinos, lujuriosos, rapaces, voraces, pérfidos ladrones".
En parecidos términos se expresan San Agustín, San Justino, San Gregorio Nacianceno, Orígenes, Juan Duns Escoto o Santo Tomás de Aquino por citar sólo a algunos Doctores y Padres de la Iglesia.